Jardín
Jardín mediterráneo: las plantas que aguantan el verano
Publicado el , en la sección Jardín · Redacción de Masía Novales
Un jardín mediterráneo no es un jardín cualquiera con menos agua: es un jardín pensado para el mes más duro. Estas son las plantas que lo hacen posible y el modo de instalarlas para que vivan sin depender de ti.
El jardín mediterráneo de bajo riego empieza por una decisión incómoda: renunciar al césped. En la mayor parte de la España peninsular el césped exige en julio un riego diario que ninguna planta local necesita, y convierte el jardín en un empleado a tiempo parcial. La alternativa no es un patio de cemento: es una composición de tapizantes, aromáticas, bulbos y sombra que pasa el verano con riegos espaciados y queda más hermosa cada año.
Las tapizantes: el suelo no se ve, se cubre
El suelo desnudo es el enemigo: se calienta, se agrieta y deja pasar la evaporación. Las tapizantes mediterráneas hacen el trabajo contrario. La santolina forma almohadillas grises con botoncitos amarillos y aguanta casi todo. El romero rastrero cubre taludes con flor azul temprana. La ajedrea, el tomillo y el helicriso perfuman al pisarlos y piden suelo drenado y sol. Plantadas en otoño, con la lluvia por delante, arraigan antes del verano y al segundo año ya riegan solas. Plantadas en junio, mueren con educación y sin remedio.
Las aromáticas y las flores de secano
Lavanda, salvia, romero de porte erguido, cantueso y espliego dan flor de abril a julio y abejas todo el año. La regla de las aromáticas es contraintuitiva: cuanto peor es el suelo, mejor viven, y abonarlas es la manera más rápida de perderlas. Necesitan poda después de la floración, cortando por encima de la madera vieja, y una planta que se ha hecho leñosa y fea se renueva mejor por sustitución que por cirugía. Las labiadas conviven bien con bulbos de secano, como el asfódelo o los crocus de otoño, que desaparecen bajo tierra justo cuando llega el calor.
Los arbustos que estructuran
Un jardín solo de matas es un jardín plano. La estructura la dan los arbustos de tueste: la durillo con sus flores blancas de invierno, el aladierno, la cornicabra, la retama de olor en primavera, el mirto y la jaras en suelos pobres. Crecen despacio, pero a los cinco años forman masas que dan volumen, refugio a los pájaros y flores sin riego. El granado común, además de estructura, trae fruta, y su flor de junio justifica el hueco por sí sola.
La sombra: el árbol es la reforma del jardín
Ningún accesorio de terraza iguala lo que hace una morera, una encina, un almez o un olivo viejo. La sombra de un árbol baja varios grados el suelo que tiene debajo y cambia qué puede vivir a su alrededor. Se planta en invierno, en hoyo amplio, con riego de establecimiento el primer y el segundo verano, y después se despide del riego. La morera es la sombra más rápida y frondosa; la encina y la carrasca, la más duradera y la más parca; el almez, la más elegante para patios pequeños. Quien quiera entender la longevidad de los olivos y su poda tiene la guía completa en podar el olivo.
El riego que acompaña, no que sostiene
El jardín mediterráneo sensato riega para instalar, no para sostener. El primer año, riego generoso y espaciado para que las raíces busquen abajo. El segundo, riegos solo en los picos de calor. Del tercero en adelante, salvo extremos, la lluvia. Un programador simple con goteros en las líneas de instalación hace el trabajo, y conviene revisarlo cada primavera porque los goteros se tapan y las horas de sol cambian la evaporación. Las fechas de plantación, poda y riego de acompañamiento están recogidas mes a mes en el calendario del campo.
El suelo y la piedra
La gravilla clara no es un capricho estético: reduce la evaporación, mantiene limpias las matas bajas y sustituye al césped con cero mantenimiento. El acolchado de piedra local, corteza gruesa o paja de olivar cumple la misma función en parterres. Los muros de piedra seca, además de contener taludes, acumulan frescor y bichos buenos, y dan al jardín el aire de las casas de campo de verdad que ningún catálogo copia.
Planta en otoño y riega un año; planta en junio y riega para siempre.
Para las mesas de debajo de la parra y las cenas de verano, el jardín mediterráneo terminó su trabajo en marzo; el resto del año hay que ocuparse de la casa y de la despensa, y para eso están las recetas de temporada de la cocina de la masía.
Qué leer a continuación
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El árbol más longevo del jardín pide su guía: podar el olivo.
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Plantar en otoño, podar tras la flor: el calendario del campo pone las fechas.
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De dónde sale el agua del jardín según la casa: pozo, aljibe o red.
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Para ver la referencia en paisaje: olivares centenarios de sierra.